Pirámides

¿Qué son?, ¿Para qué sirven?, ¿Quiénes y cómo las construyeron?... Preguntas y más preguntas acerca de otro de los grandes misterios de la Humanidad. Son construcciones milenarias, de perfecta geometría, que desafían a sus observadores a desvelar, si son capaces, sus más íntimos secretos.

Las hay de todos los tamaños y en múltiples partes del globo terráqueo; unas son de una exquisita arquitectura, perfectamente simétricas por sus cuatro costados, mientras que otras son de tipo escalonado, como principales representantes de este tipo de construcciones.

Las más célebres son las que se encuentran en Egipto que a su vez son las más perfectas y elaboradas de todas. Parientes de éstas son las que encontramos en China, las más parecidas a ellas también. Después están las de los imperios Maya y Azteca, con variaciones ostensibles en su ejecución y acabado general, y otras de menor cuantía, del tipo escalonado, como las que podemos contemplar en las Islas Canarias.

Como más adelante hablaremos de las civilizaciones antes mencionadas, los Imperios Maya, Inca y Azteca, vamos a centrar nuestra curiosidad sobre el gran enigma egipcio: sus pirámides, y en particular la más grande de todas ellas, la llamada ”de Keops”, aunque no se llamase así en la Antigüedad, sino ”El luminoso horizonte de Jufu”.

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La Gran Pirámide fue construida por el faraón Keops de la cuarta dinastía, el que hacía el número 28 después de Menes. La fecha de su construcción es ya el primer dilema de este gigantesco enigma; para unos podemos fecharla hace 2.600 años a. C., mientras que para otros, que quizás sean más acertados, fue construida hace no menos de 4.800 años.

La Gran Pirámide se halla ubicada en la explanada de Gizeh, junto a otras dos de menor tamaño: las de Micerino y Kefren. Además hay otras tres de dimensiones mucho más reducidas dedicadas a princesas y reinas de la época de Micerino.

¿Qué secretos esconde este colosal monumento funerario?. Pues la verdad es que infinidad de ellos: su geometría exacta hasta en los más mínimos detalles, sus inscripciones interiores, sus pasadizos y galerías, sus salas, la forma de construirla, su porqué, etc., etc.

Llamamos a las pirámides templos funerarios aunque hoy en día sabemos que no se ha hallado jamás cadáver alguno en el interior de ninguna de ellas; a lo sumo se han encontrado los sarcófagos de los faraones a los que se dedicó el monumento, pero nunca sus momias, algunas de las cuales se han descubierto en tumbas, a menudo subterráneas, en las proximidades de las pirámides u otros puntos más distantes.

Veamos cuáles son los datos más importantes, en lo que se refiere a las cifras, de la Gran Pirámide de Keops: mide unos 139 metros de altura, aunque antiguamente cuando se construyó debió medir algunos más; hoy en día conserva 203 de las 210 hileras de bloques de piedra que debieron componer en su momento la construcción; 2.600.000 bloques de piedra, de unos 2.500 Kgs. cada uno; 2.500.000 mts. cúbicos y unos 7.000.000 de toneladas de peso. Si tomamos los datos del complejo de Gizeh entero y de todas las construcciones piramidales que se llevaron a término en los teóricos cien años que duraron las mismas, obtendremos la cifra de 9.000.000 de mts. cúbicos de piedra repartidos en unos 12.000.000 de bloques de piedra de 2.500 Kgs. cada uno. Cada lado mide unos muy aproximados 230 metros, y cada ángulo de la base roza increíblemente los 90º exactos. No vamos a entrar, en este breve estudio, en pormenorizaciones sobre la arquitectura interior de las pirámides en general ni de la que nos ocupa en particular. De momento trataremos el tema que más controversias levanta a la hora de su interpretación: su construcción.

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Si hacemos caso a una de las varias teorías que intentan explicar la forma en que se llevó a cabo la construcción de la Gran Pirámide, y de las restantes, el trabajo duró unos cien años seguidos, durante los cuales se colocó una piedra cada 5 minutos aproximadamente, y en su construcción habrían participado unas 25.000 personas constantemente a pie de obra, lo que significa un considerable número de bajas durante la faena y una cifra increíble de obreros y de costos. Todo para la grandeza de los faraones y los dioses del Antiguo Egipto.

La teoría antes mencionada habla de unos procedimientos que especula sobre todo la Arqueología moderna; no vamos a entrar ni salir en el acierto o el error de la misma, así como del resto de hipótesis, sólo expondremos las ideas. Según el razonamiento que comentamos, los esforzados obreros y arquitectos egipcios extraerían los bloques de piedra de unas canteras, bastante lejanas por cierto de Gizeh, a base de cuñas de madera que introducían en grietas practicadas en ellas y que mojaban más tarde para provocar la dilatación de las mismas, en el caso de canteras de granito, y mediante cinceles de cobre y martillos de diorita, en el caso de trabajar la piedra caliza. Después transportaban los bloques desde las embarcaciones del Nilo hasta el lugar de trabajo mediante rampas y caminos embarrados con lodo del río y travesaños de madera para apoyar los pies en lugares con pendiente. La pirámide se empezaba aplanando el terreno de la base y midiéndolo mediante un sistema giratorio: un rodillo con una medida exacta de un codo egipcio (52 cms.) que se hacía girar sobre su eje central y que, marcado en uno de sus grados, daba la distancia exacta que se buscaba. Más tarde se ponían las piedras angulares de las cuatro esquinas, previa indicación de los sacerdotes que eran los encargados de buscar el norte geográfico a donde debían apuntar todas las pirámides; ello se llevaba a cabo mediante unos niveles de agua y unas varas de unas medidas concretas. Luego empezaba la construcción: se ponían las primeras hileras de piedras y, conforme la edificación ascendía, se formaban alrededor unas rampas de tierra y arena, enlodadas como describíamos antes, que servían para ascender por ellas los pesados bloques. Una vez concluida la pirámide, el proceso se invertía y, mientras se iba retrocediendo desde la cúpula hacia abajo, eliminando la rampa de acceso, se iba recubriendo la estructura con planchas lisas de piedra calcárea y se rellenaban los fallos y los huecos con material procedente de la misma rampa.

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Esto es lo que nos cuenta la Arqueología, o, al menos, una buena parte de sus representantes, pero existen otras explicaciones a tan magna obra, quizás más aventuradas o arriesgadas, pero desde luego mucho más imaginativas. De entre todas ellas, la que destaca como principal contrincante a la ”oficial” es la hipótesis de la intervención de alguna cultura, posiblemente extraterrestre, en la concepción y construcción de estos monumentos. Semejante postulado se basa en la idea de que la construcción de las pirámides es prácticamente impensable con los medios que los egipcios disponían en esas fechas. Para los defensores de esta hipótesis es increíble concebir que los bloques de dos toneladas y media pudiéranse extraer de las canteras mediante algo tan precario como son una cuñas mojadas de madera o unos cinceles de cobre, por mucho que se fueran afilando una y otra vez, constantemente. Tampoco les parece nada claro el medio de transporte hacia las construcciones: las pistas de lodo sobre la arena, aunque estuvieran salteadas con traviesas de madera, no son para ellos lo suficientemente resistentes como para permitir el paso de 2.500 Kgs. sin hundirse y embarrancar por tanto los bloques sobre ellas. Así mismo, la idea de la rampa alrededor de las pirámides no les hace muy felices, ya que exponen que la construcción de las mismas hubiera significado un esfuerzo tanto o más grande que el del levantamiento de los monumentos. Si a todo ello unimos que parece ser que en las medidas de la Gran Pirámide se hallan intrínsecos muchos datos de distancias entre estrellas o tamaño de las mismas, entre otros, la teoría sobre la ayuda de alguna civilización súper desarrollada no parece ya tan descabellada. Puede que nos suene a ciencia- ficción pero bien pudo ser que a la cultura egipcia, ya de por sí bastante avanzada en conocimientos técnicos y científicos, le echara una mano alguien -llamémosle como queramos- para llevar a cabo las obras. Puede ser que incluso ese alguien fuera el que concibió la idea de tal empresa y que su colaboración fuera imprescindible. Puede que ese alguien no necesitara realizar ningún esfuerzo físico, sino una concentración mental para trasladar los bloques de piedra a sus enclavamientos...

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En fin, uno no sabe qué pensar; son tantas las posibilidades y tanta nuestra imaginación que, como siempre hemos de dejar la cuestión en el aire. Actualmente, para más inri, se están descubriendo nuevos datos que no hacen otra cosa que enturbiar más si cabe el barullo egipcio: por ejemplo se sabe que las pirámides mejor construidas en tierras del Nilo son las más antiguas, mientras que las más estropeadas y derruidas son de realización más reciente. Esto es en sí una gran paradoja, ya que normalmente habríamos de pensar que cualquier construcción de cualquier época, pasada o presente, ha de indicar en su realización unos mayores conocimientos técnicos, unos desarrollos más breves y una base conceptual superior cuanto más reciente sea, ya que el tiempo y la experiencia se suman para dar paso al progreso. Pero curiosamente no es así en el entorno de las pirámides: cuanto más recientes, más defectuosas e impresentables. Esto hace pensar que la cultura que creo los monumentos de Gizeh tuvo por fuerza que desaparecer algún tiempo después sin dejar rastro de sus conocimientos arquitectónicos y que después, cuando sus sucesores intentaron imitarles les fue del todo imposible de llevar a cabo. Todo un misterio.

También parece haberse descubierto recientemente que algunos bloques de piedra de la Gran Pirámide fueron ni más ni menos que prefabricados. En efecto, aunque suene a locura lo cierto es que las evidencias apuntan a que algunas de las piedras que conforman la construcción fueron realizadas mediante moldes en los que se vaciaba un material que, tras fraguar, se convertía en las mismas. Las pruebas que atestiguan semejante descubrimiento son restos de cabello y de uñas humanas en el interior de los bloques; es imposible que llegaran ahí si no es gracias al método descrito.

Bueno, está claro que no vamos a salir de dudas de momento; el enigma continuará hasta que la Arqueología, la Física, la Astronomía, las Matemáticas (ciencias todas que parecen estar representadas dentro y fuera de las pirámides, entre otras) y, por qué no, la Ufología también, puedan dar una respuesta satisfactoria a todas y cada una de las preguntas que nos formulamos cuando nos hallamos ante los enormes colosos del desierto.

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