Tiahuanaco, Ica, Nazca  y Costa Rica

Cuatro incógnitas muy importantes nos quedan por tratar, aunque sea muy brevemente: las ruinas y restos arquitectónicos de Tiahuanaco, en Bolivia; las piedras grabadas de Ica y las ”pistas” de Nazca, ambas en Perú, y las llamadas ”esferas celestes” de Costa Rica.

 

TIAHUANACO

En Tiahuanaco, cerca de la capital boliviana La Paz, podemos observar los restos de quién sabe qué civilización antigua; unas ruinas de lo que antaño fueran impresionantes templos, ciclópeas estatuas y piedras talladas con mil y una inscripciones imposibles de descifrar. Nadie sabe quienes fueron los constructores, ni tampoco el motivo de las obras. También es un misterio la desaparición sin dejar rastro de semejante cultura, así como la fecha de su estancia en Tiahuanaco, por más que el Carbono 14 quiera demostrar unas fechas demasiado recientes para ser verdaderas, al menos en su totalidad.

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Las ruinas son una maravilla, se miren por donde se miren. Podemos admirar, como puntos principales, la famosa Puerta del Sol, una impresionante puerta tallada en un sólo bloque de piedra, de tres por cuatro metros y unas doce toneladas de peso, completamente labrada en su parte anterior superior y coronada por el llamado ”Dios llorón”; cerca de ella, la Puerta de la Luna, de dimensiones y trabajo artístico considerablemente inferiores; y presidiendo todo, el ”Templo hundido”, llamado así por encontrarse a un nivel bastante inferior del terreno que lo rodea. Dicho templo es una construcción rectangular de perfecta geometría cuyas paredes están formadas por bloques de piedra de diferente tamaño, ensambladas entre sí con tal perfección que, a pesar de que parecen estar cortadas y colocadas ”sobre la marcha”, por su forma desigual, no permiten el paso de la más mínima brizna de hierba. Salteados aquí y allá, aunque guardando un cierto orden, sobresalen de los muros, en su parte interna, unos bustos de expresiones inciertas y ocultas, algo que e1 paso del tiempo se ha encargado de acentuar más si cabe. El templo daba cobijo a unas estatuas misteriosas, monolitos a los que supuestamente se rendía culto. Aunque también se han encontrado otros en las afueras del templo, algunos, como el monolito Bennett, de más de siete metros de altura y 17 toneladas de peso, que nos dan una ligera idea de las moles que manejaban los habitantes de Tiahuanaco.

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Así como las construcciones megalíticas que observamos en algunas impresionantes murallas y escalinatas de un mundo hecho a medida de gigantes. Volvemos a tropezarnos aquí con el eterno problema del medio de transporte de semejantes bloques de piedra desde las canteras de su procedencia hasta el lugar en el que eran colocadas y manufacturadas. Parece imposible que semejante trabajo fuera realizado por medios humanos, más aún si contamos con la precariedad de los materiales que se usaban para ello. Por lo tanto no nos queda más que esperar a que un día nos sea revelado tal misterio.

 

ICA

Otro de los apasionantes temas que guardan en su interior el más grande de los enigmas es el que trata de las piedras grabadas de Ica. Son unas 50.000 piedras de un tamaño que puede oscilar entre las más pequeñas, de unos pocos gramos, hasta las gigantes, que sobrepasan la media tonelada, las que componen de momento hoy esta extraña y maravillosa colección de muestras de una Antigüedad tan apasionante como desconocida. Son unas piedras de tonalidad oscura que contienen en su superficie unos grabados que nos dejan perplejos y anonadados.

En el desierto circundante a la localidad de Ica, en Perú, podemos hallar estas muestras del pasado a poca profundidad del suelo, cuando no en la misma superficie o dentro de alguna de las tumbas saqueadas por los profanadores de turno. Posiblemente sean esas tumbas la tabla de salvación a la que se aferran los arqueólogos de siempre para no tener que admitir la verdadera antigüedad de las piedras.

Digo esto porque, dejando a un lado la hipótesis del fraude, muy socorrida por algún que otro negativista de pro que afirma que las piedras están realizadas hace poco tiempo por unos aprovechados que tratan de forrar su riñón a costa de la ingenuidad de los crédulos, la única razón por la que se fechan en unos cuatro o cinco mil años de antigüedad es la de que algunas de las piedras se hallaron, como comentaba antes, en tumbas y restos arqueológicos de esas fechas. Por supuesto que la antigüedad mentada es ya de por sí algo verdaderamente asombroso, como veremos cuando hablemos seguidamente de los grabados, pero lo cierto es que, como afirma el Dr. Jiménez del Oso en una de sus obras, el hecho de que se encuentre algo dentro de una tumba o de unos yacimientos arqueológicos, no implica necesariamente que ese algo no pudiera estar hecho en una fecha anterior y fuera guardado como recuerdo u objeto de culto. Si observamos las piedras desde ese punto de vista liberal y sin prejudicios, podemos encontrarnos con que, según sus grabados e inscripciones, pueden proceder de hace cientos de miles o incluso un millón de años atrás, tal como suena.

Pero hablemos de lo más importante: los grabados. Todas las piedras de Ica incorporan grabados sobre su oscura superficie. ¿,Y qué tipo de grabados son esos que tanta admiración levantan?. Pues se trata de toda una variedad de dibujos que abarcan distintas áreas del conocimiento humano: medicina, botánica, astronomía, zoología, etc, etc. Pero no se trata de unos grabados cualquiera ni mucho menos; se trata de dibujos que nos revelan unos conocimientos que, en algunos casos, no hemos alcanzado siquiera hoy en día, en pleno siglo XX.

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Ciertamente, podemos encontrarnos con imágenes que representan animales extraños, inexistentes o desaparecidos en la actualidad; podemos ver siluetas y formas que nos recuerdan inevitablemente a nuestros antepasados que nos abandonaron hace 65.000.000 de años: los dinosaurios, unos dinosaurios, asómbrense ustedes, acompañados de unos seres de liviano cuerpecillo y prominente cabeza..., lo que representaría, de ser auténticas las piedras, que nuestra Historia necesitaría un buen repaso desde sus orígenes (y ahí es donde no quieren ni entrar a mirar los buenos de los arqueólogos). O bien, podemos encontrar referencias a los astros y sus antiguos observadores, o también -y este es el otro gran dato desestabilizador- a temas relacionados con la medicina y su especialidad más ”cortante”, la cirugía. En este apartado podemos hallar cosas tan maravillosas como transplantes de todo tipo o partos por cesárea, por ejemplo. Vemos en las piedras a unos seres de aspecto humanoide con apariencia india, que manejan lo que parecen ser utensilios quirúrgicos y que los manejan con toda autoridad en posibles ”operaciones” de transplantes de órganos o las cesáreas mencionadas. Así mismo se puede apreciar en otras lo que podríamos considerar sin lugar a dudas como extracciones sanguíneas o, yendo más allá, incluso operaciones en el cráneo de los pacientes que parecen indicar un ¡transplante de cerebro! ...

En fin, para no extendernos demasiado, resumiremos diciendo que las piedras de Ica son uno de los misterios más grandes que podemos encontrarnos en el camino de una vida que, cada día que pasa, nos sorprende más y más.

 

NAZCA

Vamos a echar un vistazo ahora a las famosas y desconcertantes ”pistas de Nazca”.

Se llama así al conjunto de grabados en plena superficie de las tierras de Nazca, en Perú, que, por su configuración y tamaño, no parece posible que fueran trazados desde el suelo, sino concebidos desde la perspectiva de una considerable altura aérea.

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Se trata de cientos y cientos de metros de dibujos lineales o artísticos realizados con una técnica que, como en muchos casos ya mencionados de construcciones gigantescas de origen incierto, se escapa a nuestra lógica y comprensión. Unos simbolizan animales extraños o desaparecidos, otros, algún objeto, y otros simplemente largas pistas paralelas, convergentes o cruzadas.

¿Quién trazó semejantes símbolos en el suelo?, ¿Qué significan y para qué están hechos?, ¿Cómo se hicieron?... De momento no hay respuesta para ninguna de las cuestiones anteriores, aunque eso sí, las teorías abundan. Muchos afirman que se trata de pistas y señalizaciones de antiguos aeródromos espaciales realizados por vaya Ud. a saber quién y que servían como referencia de despegue y aterrizaje a posibles naves terrestres o alienígenas, que todo es posible en la viña del Señor; otros aseguran que lo más probable es que fueran símbolos especiales para la navegación aérea, a modo de señales de tráfico, que las naves espaciales podrían distinguir desde cientos de kilómetros de altura y que les ayudarían, como ayuda un faro a las embarcaciones, a llegar a buen puerto. Estas son las dos posturas, parecidas en el fondo, que se manejan con más asiduidad, y quizás las únicas que podamos barajar teniendo en cuenta el fenómeno en sí.

¿Cómo se hicieron?. Pues, una de dos, o se trazaron en tierra siguiendo ordenes de alguien que se encontraba a una buena altura y que previamente había diseñado el boceto desde allí, o bien, y esta es una hipótesis de lo más arriesgada aunque no descabellada, se trazaron, mediante alguna técnica que utilizase algo parecido a nuestro rayo láser, desde algún planeta cercano o, por qué no, la misma Luna; los defensores de esta idea advierten que ya el mismo ser humano a utilizado el láser para intentar ponerse en contacto con posibles civilizaciones extraterrestres, debido a su potencia y concentración lineal, por lo que también podría haber sido usado para los fines expuestos.

Sea como fuere, las pistas están ahí, saltando y salvando incidentes del terreno, conservando su forma a pesar de riscos y altibajos y mostrándonos un poderío tecnológico que nos restriega por las narices nuestro empeño de montarnos una Historia que, en muchas de sus bases, se tambalea.

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Rectas, curvas, cruces... una locura gráfica. Y Nazca no es el único sitio donde podemos maravillarnos con semejante derroche mega-artístico; también en Pisco, otra localidad de Perú, se encuentra uno de los más importantes grafismos por el estilo: el llamado ”Candelabro de Pisco”. Un dibujo que parece representar, como su nombre indica, un gigantesco candelabro de unos 250 mts. de altura y que quizás sea uno de los ejemplos más representativos del fenómeno. Una prueba palpable de la imposibilidad de que los gráficos fueran realizados en tierra sin la ayuda de un punto de vista a gran altura. Aún así no podemos afirmar ni desmentir ninguna posibilidad, ya que no disponemos de conocimientos suficientes como para plantear una teoría demostrable.

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Quiero mencionar aquí, porque quizás guarde alguna relación -como aseguran algunos investigadores- con el caso de las pistas, el fenómeno que se dio hace pocos años en unos campos de cereales ingleses. Sobre finales de los ochenta, en dichos campos empezaron a aparecer unos dibujos en ”bajorrelieve” (ya que estaban formados por el prensado de las plantas que ocupaba el gráfico) que nos dejaron con la boca abierta. Dibujos que representan círculos unidos entre sí, en la mayoría de casos, por líneas estrechas de increíble perfección... Gráficos, simétricos unos y asimétricos los otros, que simbolizan figuras u objetos que no somos capaces de entender... Un sinfín de trazos perfectamente realizados con quién sabe qué técnica. Cierto es que se habló durante un tiempo de que se había descubierto a los causantes de aquellos altercados agrícolas, y estos no eran otros que unos jubilados ingleses que parece ser no tenían otra cosa mejor que hacer que dedicarse a segar los campos ¡por las noches!. Sin entrar ni salir en juicios, como es nuestra costumbre, no podemos por menos que dibujar una pequeña sonrisa al escuchar semejantes ideas. Tan sólo baste decir que, a raíz de aquella investigación, se intentó llevar a cabo la comprobación de los hechos sin el más mínimo éxito. Además hemos de tener en cuenta los efectos químicos que se producían en las plantas gramíneas: la composición única de carbono que posee el trigo se cristalizaba, pero el mismo seguía creciendo... ¿Quién es el responsable pues de los famosos ”círculos de Inglaterra”?, Ni idea. Puede tratarse de intentos de comunicación por parte de alguna civilización alienígena o también -tal y como se especuló en su día por parte de algunos investigadores más atrevidos- de la forma que tienen nuestro Planeta Tierra (Gaia) y la Madre Naturaleza de avisarnos de sus fuerzas y de la poca paciencia que les queda para aguantar nuestros desmanes ecológicos; ellos serían, por lo tanto, los que -ayudados por sus servidores y guardianes, los invisibles gnomos, elfos y hadas- habrían creado esos símbolos en los campos.

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COSTA RICA

Y vamos a terminar el repaso a los enigmas más importantes de América con la referencia a las ”esferas celestes” de Costa Rica.

Llamamos así a las fantásticas esferas de piedra que se hallan repartidas por toda la geografía costarricense. Unas bolas que oscilan entre los pocos quilos, las más pequeñas, y las 15 toneladas, las de mayor tamaño. Balones de piedra de una esfericidad perfecta y rotunda que, cómo no, nadie sabe qué pintan allí. Como ocurría con las piedras de Ica, las esferas de Costa Rica no contienen muestra orgánica alguna, por lo que se hace del todo imposible datarlas mediante el sistema del Carbono 14: Ahora bien, parece haberse resuelto este inconveniente en el caso que nos ocupa.

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¿Cómo?, Pues por la profundidad a la que se encuentran muchas de ellas que todavía no han sido importunadas por la mano del hombre y trasladadas desde sus originarios asentamientos. En efecto, aunque hoy sirvan de adorno en las entradas de edificios públicos, grandes fincas, o como objeto de estudio en diversos museos del mundo antes de que el hombre moderno pusiera sus manos en ellas, las esferas se hallaban, como ya habíamos dicho, diseminadas por toda Costa Rica.

Oscuros pantanos y enmarañada selva eran los hogares propios de las pétreas pelotas desde mucho antes de que Colón pisara por vez primera esas tierras. ¿Cuándo y cómo se fabricaron?... A saber. Por el momento no sabemos ni remotamente contestar esas cuestiones, así como tampoco la procedencia de los constructores.

Esferas que pueden datar de más de 2000 años antes de Cristo y que nadie parece explicarse; es decir, sí, hay varias hipótesis pero que no parecen ser definitivas en ningún caso:

Los nativos del lugar aseguran que se trataba de simples señales o distintivos del estatus social de los caciques precolombinos; hay arqueólogos que afirman que su disposición en la superficie de Costa Rica -y su tamaño- quieren representar complicados mapas celestes (lo que implicaría por otro lado un supuesto conocimiento sobre la esfericidad de los astros y los planetas que nos dejarían con la boca abierta); y alguna que otra teoría de escasa credibilidad...

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Pero un hombre, dedicado en cuerpo y alma al descubrimiento del enigma durante gran parte de su vida, parece estar muy cerca de la verdad; su nombre, Ivar Zapp. Este estonio, tras largos años de investigación y excavaciones in situ, tras numerosas mediciones y conjeturas puede haber dado con una buena parte de la solución.

Zapp buscó sin cesar posibles ubicaciones de esferas intactas, lugares en los que las bolas no hubieran sido saqueadas, trasladadas o desenterradas de su posición primera, pero no encontró ninguno. Es decir, encontró esferas enterradas y que no habían sido movidas de su emplazamiento, pero siempre como excepciones y nunca en compañía de otras alrededor en las mismas circunstancias. El investigador quería hallar algún yacimiento inexplorado para ver si las esferas guardaban alguna relación de geometría o de disposición sobre el terreno que pudiera arrojar alguna luz en su búsqueda. Desgraciadamente no tuvo suerte y hubo de recurrir a la literatura –escasa y rara- que existía sobre el tema de las piedras. Así encontró algunos libros escritos tiempo atrás y que contaban con investigaciones hechas por otros aficionados al enigma y que, por fortuna para ellos, se habían topado con asentamientos intactos de esferas, todas ellas en un mayor o menor grado de profundidad en el terreno, según su peso y la composición de ese mismo terreno que les servían de soporte.

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Algunos datos de su ubicación y orientación eran realmente precisos y despertaron la curiosidad de Zapp.

Y fue así, con la ayuda de esos predecesores suyos, con los que empezó a argüir su teoría. Ivar empezó por tomar medidas entre dos esferas de uno de los yacimientos descrito en uno de los libros y trazó unas posibles líneas de orientación que pudieran ser el producto de la disposición de ambas sobre el terreno. Tras varias pruebas comprobó con sorpresa que una de las líneas –la más lógica- partía desde el punto convergente de las dos esferas y recorría un trayecto que pasaba por las islas Coco, en Costa Rica, las Galápago, Pascua y la Polinesia, con una precisión pasmosa. Después probó con otra alineación de esferas y se encontró con otra hipotética ruta que enfocaba a Grecia y Asia Menor por un lado y a Tahití por el otro...

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Más tarde leería que los “primitivos” navegantes polinesios utilizaban unas piedras lajas que orientaban y alineaban según la posición de alguna estrella o constelación con la finalidad de orientarse en sus viajes por mar hacia otras tierras. Cuando las estrellas en cuestión se alineaban con las piedras, partían, siempre siguiendo posteriormente su posición con respecto a ellas...

En fin, el enigma sigue ahí. No está demostrado que las teorías de Zapp  sean las correctas al cien por cien, pero sí nos hacen pensar que bien pudiera ser que hace más de 4.000 años alguna civilización nos diera clases de navegación y astronomía.

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